jueves, 16 de junio de 2016


11 principios de la neuroeducación

 Con base en la experiencia docente y la revisión bibliográfica en torno al aprendizaje del cerebro, he propuesto fundamentar el proceso de aprendizaje-enseñanza en 11 principios que, de ser tomados con responsabilidad principalmente por el docente más que por el estudiante mismo, estaríamos abocados satisfactoriamente ante, por fin, el goce de aprender y enseñar.

No deja de ser un estado semi ideal la definición de los 11 principios que propongo, advirtiendo que el reto está, justamente, en pasar a un estado plenamente ideal, y no por irrealizable, sino por representar un alto grado de madurez en el proceso de aprendizaje-enseñanza.

La idea elemental para definir los 11 principios parte de la experiencia que todo ser humano, por lo menos una vez en su vida, ha vivido, o por lo menos ha deseado vivir: enamorarse. A sabiendas que estar enamorado es un estado en el que aún no se llega al amor propiamente, con los 11 principios de la neuroeducación se da inicio al apasionante recorrido del aprendizaje. En síntesis, me propongo fundamentar el proceso de aprendizaje-enseñanza bajo la pedagogía del enamoramiento.

Los rasgos básicos de esta idea son: pensemos que -o recordemos nuestra experiencia- cuando alguien se enamora quiere estar todo el tiempo con la persona; si no están juntos, entonces desea llamarla continuamente, enviarle mensajes de texto, de voz y correos electrónicos, haciéndole saber que la recuerda, la quiere ver y pasar cada segundo con ella. Mientras no se está con la persona, no se para de pensar y hablar a otros de ella. 

¿Se imaginan a un estudiante enamorado de su proceso de aprendizaje y de los temas? (Porque de los profesores y profesoras si es frecuente). ¿Se imaginan la alegría del profesor si sus estudiantes le dicen todo el tiempo que por favor se vean después de clase para profundizar en el tema, que por favor le responda los mensajes con nuevos problemas matemáticos, nuevos títulos de obras literarias? ¿Se imaginan lo maravilloso que sería que un estudiante sueñe con la clase, etc., etc., etc.?[1]

Por supuesto, enamorarse implica otros rasgos, entre ellos las crisis necesarias de comunicación, pero son las siguientes los de mayor relevancia para orientar de manera, efectiva, eficiente y satisfactoria el proceso de aprendizaje-enseñanza. No son el medio para dicho proceso, son la finalidad misma.

   1- Objetivo. Las parejas suelen tener objetivos en su relación. Tal vez el más inmediato y natural sea sentir placer al estar con la otra persona. Un objetivo más maduro es planear una vida de convivencia. El hecho mismo de contar con un objetivo imprime movimiento y expectativa a la relación. De ahí que una de las preguntas más frecuentes entre las parejas sea: ¿y esto para dónde vá?
Cada tema que orienten los docentes, cada clase, actividad específica requiere estar apuntando hacia una meta. Es básico: ¿para qué enseñas ese tema, muestras esos videos y pones a hacer esa actividad a tus estudiantes? Es por todos sabido, y más ahora, que la transmisión de información no es el objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje, es solo un primer paso para arribar al puerto de la comprensión.
Solo resuelva ¿para qué transmitir determinado tema y por qué hacerlo de determinada manera?

    2- Atención. Acordemos que la atención es la primera capacidad cognitiva sobre la que comienza a fundarse el aprendizaje. De la multiplicidad de estímulos externos que recibimos en un breve lapso de tiempo, necesitamos priorizar qué información hacer objeto de atención y cuál bloquear para que no interfiera en la aprehensión de la información de interés. Básicamente, esto que se menciona es acorde al tipo de atención sostenida y selectiva, las que, justamente, han permitido la supervivencia del cerebro a lo largo de su proceso evolutivo.

Entre más precisa la información, es decir, entre menos estímulos distractores la cubran, mejor será asimilada. No sería el caso, por ejemplo, contar con un mapamundi que se mueve automáticamente en el aula de clase cuando la clase es de biología. Con plena certeza, el mapamundi distraerá a más de un estudiante. En conclusión, lo primero que se debe hacer es: ganar la atención de cada estudiante, lograr que atiendan a la información objeto mientras se les tiene bloqueada la información no relevante para ese momento de aprendizaje.

   3- Motivación. Llama la atención ver que multitud de jóvenes se la pasan horas enteras, incluso días y noches, haciendo extensas filas a pleno sol y bajo torrenciales lluvias para alcanzar una boleta para ver el partido de su equipo de fútbol favorito. Estos mismos jóvenes son a quienes se les hace insoportable una clase en su colegio de una hora. ¿Por qué es más fácil llenar un estadio de fútbol con 40 mil personas que un auditorio de 500 personas para una conferencia sobre historia, arte, medicina, etc.?
Ambas situaciones comparten la explicación: el grado de motivación que tienen los asistentes hacia cada una de estas actividades. Como docentes no nos corresponde motivar a los estudiantes, pero si generar las condiciones emocionales, físicas y sociales para que cada uno eleve su nivel de motivación al máximo.

   4- Heterogeneidad. Si bien es cierto que la lógica actual del sistema educativo exige que entren niños vivos y que salgan profesionales autómatas, también lo es que el proceso de aprendizaje-enseñanza tiene su mayor enemigo en este sistema. Un docente con 30, 40 y con frecuencia con más de 50 estudiantes en un aula -que además de carecer de sillas para todos hay poca ventilación- reclama ver no a 50 y más experiencias y formas de aprender sino a 50 y más códigos de barras sobre los que hay que lanzar una red de información y actividades seudopedagógicas para pescar a la mayoría posible.

La riqueza del proceso de aprendizaje-enseñanza esta dado, justamente, por representar cada estudiante una experiencia y un reto diferente a todos los demás. De todas formas, cuando la pasión ha sido lo que nos ha hecho docentes, aquello de la lógica actual del sistema educativo termina por ser un reto también a incluir y vencer en la práctica heterogénea de enseñanza.

   5- Satisfacción. Entre menos representes una amenaza para tus estudiantes, mayor será la satisfacción que sientan ellos en tus clases. La presión, la intimidación, la obligación, la sanción condenatoria, la burla pública, etc., suele caracterizar, más que nada, al campo de la guerra y de los interrogatorios estadounidenses a todo sospechoso de terrorista.
Este principio invita a que los docentes sean dopamínicos, a quienes sus estudiantes asocien con el bienestar, el placer, la seguridad y el disfrute de estar en sus clases.

   6- Flexibilidad cognitiva. El ser humano ha sobrevivido a lo largo de su proceso evolutivo gracias a que ha controlado y transformado las condiciones

que le han sido adversas. La capacidad creativa del ser humano es la llama de la supervivencia, y esto lo saben con gran claridad las empresas al borde de la quiebra y las parejas al borde de la separación y todo ser humano al borde de cualquier pérdida.

En la medida en que la imaginación cubra nuestras clases, cada estudiante estará en mejores condiciones para informarse y comprender los contenidos que se le transmiten. El reto del docente radica en lograr que sus estudiantes pongan toda su imaginación para aprehender los usuales temas ladrilludos a los que están acostumbrados. Menos lógica y racionalidad y más imaginación, con seguridad, representa frutos de aprendizaje más significativos.

   7- Asombro. Solo aburrimiento puede haber en una clase donde el estudiante sabe cómo se desarrollan las clases con el profesor de turno, cuando sabe que las actividades no varían y los chistes ya no hacen reír. Igual sucede cuando el profesor sabe quiénes son los únicos 2 o 3 estudiantes que participan, quienes han llevado el trabajo y con quienes tendrá disgustos durante la clase.

Cuando la rutina se toma las clases, es cuando guillotinamos el proceso de aprendizaje-enseñanza. Las relaciones de pareja tienen sus momentos más críticos cuando “la rutina es más fuerte que el amor”. Que en cada clase sus estudiantes sean asombrados (en positivo -principio 5°), siempre se lo agradecerán.

   8- Movimiento. Con la siguiente máxima de Confucio es suficiente: “me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”.

    9- Verde. En un examen de 10 preguntas, el docente suele subrayar con color rojo las 3 respuestas incorrectas, tal vez por practicidad, pues toma más tiempo marcar 7 que 3. Sin embargo, el trasfondo es más delicado que andar siendo prácticos y ahorrativos de tiempo. Cuando uno busca llamar la atención de alguien sobre determinada información específica, entonces lo subraya en negrita si lo escribe, o lo dice en un tono más alto si se trata de una exposición oral. Es la misma situación con los exámenes: lo resaltado del examen es lo que queremos que sea tenido en cuenta por el estudiante, es decir, los errores.
Prefiramos resaltar los aciertos en color verde que los errores en rojo; a nivel motivacional la diferencia es mayúscula.

   10- Reconocimiento. ¿Se ha fijado que los integrantes de un equipo de voleibol, tras cada jugada de acierto o fallo, se reúnen y alientan física y verbalmente a continuar con el juego? También lo podemos notar en los encuentros de tenis en dobles. La participación de cada estudiante es tan importante cuando acierta como cuando yerra, y le corresponde al docente y a cada uno de los estudiantes manifestarlo con afecto a sus compañeros. Las micro fronteras en el aula son resultado y causa de rivalidades intimidatorias. Y como se ha mencionado, intimidar es propio de la guerra, no de la escuela.

   11- PLP. La segunda capacidad cognitiva de mayor relevancia sobre la que se soporta el aprendizaje, después de la atención, es la memoria. Si no atendemos no memorizamos. Cuando el reto es pasar de la transmisión de información a la comprensión de la misma, entonces hay que pasar de la estimulación en los estudiantes de su memoria de corto plazo y de trabajo a la estimulación y fortalecimiento de su memoria a largo plazo.

La información debe consolidarse con diferentes pasos de memoria y comprensión de la información, con el propósito de lograr la Potencialización a Largo Plazo. Cuando las emociones, el cuerpo físico y las capacidades cognitivas participan del aprendizaje, la evocación de lo aprendido será más fácil, rápida y completa.

Como los decálogos en literatura, ninguno es cerrado y suficiente. Cada uno inspira la construcción de otro. Para el caso de los 11 principios que se han definido para orientar el proceso de aprendizaje-enseñanza de manera efectiva, eficiente y con plena satisfacción para docentes y estudiantes, sería gratificante la suma de nuevos principios que la alegría de enseñar y aprender vaya poniendo en evidencia.

El gran cuentista Augusto Monterroso solía decir, como parte de su propio decálogo, que en literatura nada está escrito. Semejante debe suceder con estos 11 principios de la neuroeducación: más que una verdad absoluta son un intento por contribuir en un vasto terreno que exige la participación de todos.



[1] Tomado del artículo Neuroeducación: enseñar en el siglo XXI. Carmona, Sánchez. Luis Alberto. (2015).
http://www.asociacioneducar.com/monografias-docente-neurociencias/monografia-neurociencias-luis.alberto.carmona.sanchez.pdf