lunes, 14 de diciembre de 2015




Neuroeducación: enseñar en el siglo XXI
Parte III (de III)


Los dos ejes del aprendizaje

La atención y la memoria son los dos ejes del aprendizaje. Sin atención no hay memoria y sin esta no hay aprendizaje. Respecto al primer eje, la atención, cabe señalar que básicamente consiste en emplear las limitadas unidades atencionales para fijarse en uno o más estímulos que le proporciona el mundo exterior.

Esta capacidad cognitiva se caracteriza por gastar energía, por necesitar ser sostenida, selectiva y entrenada, y todo a sabiendas de que es un recurso limitado.

Puede ser estimulada con movimiento, descanso, emociones positivas y buena alimentación, como también puede ser desestimulada con la presencia de información nueva, compleja y que no pueda ser asociada, lo que conlleva a una reducción de las unidades atencionales.

Se conocen dos tipos básicos de la atención: I- el que denomino Senador de la República, caracterizado por hacer el mínimo esfuerzo por trabajar, es “perezoso”; II- el que denomino campesino, el cual se caracteriza por ser laborioso, voluntario, gasta mucha energía y es el soporte de toda la capacidad atencional. Esto sugiere que ante todo debemos ganar la atención voluntaria del estudiante, sin lo cual no es posible que memorice y, por tanto, que aprenda.

En términos del segundo eje, presento 7 pasos, compartidos por muchos neuroeducadores, que favorecen significativamente la memoria. Los siete pasos permiten recorrer el camino de la Potenciación a Largo Plazo (PLP). Estos son: 1- activar la memoria sensorial; 2- hacer pensar sobre la información, autogenerar preguntas como clave de memoria para recuperar lo aprendido; 3- hacer parafraseo de la información que se va adquiriendo; técnica que permite mayor control sobre la información, debido a que el nivel de comprensión se hace de manera consciente y no de manera mecánica repetitiva, pues es pasar de la información a  la comprensión; 4- fortalecer y retroalimentar lo enseñado con evaluaciones no de conocimiento si no para el conocimiento; 5- practicar, emplear diferentes acciones para la misma información; 6- repasar; 7- recordar.

Estos dos ejes movilizan el proceso de aprendizaje, proceso que vincula lo instintivo, lo emocional, lo cognitivo y el contexto de los estudiantes. Pero no solo de estos, desde luego también el de los profesores. Sin embargo, todo lo anterior por sí solo no marcha, requiere de un potente combustible: la pasión para hacer cosas grandes, y entre ellas ser educadores. Marx, en sus Tesis sobre Feuerbach llamó la atención sobre esto cuando sentenció que “el propio educador necesita ser educado”. Y Hegel, década antes a Marx, manifestaba su pasión por un proyecto humano, en el cual la pedagogía tenía gran responsabilidad, hasta el punto de entender que “la pedagogía es el arte de hacer éticos a los hombres”.


 Conclusiones
Las nuevas disciplinas que van surgiendo en momentos específicos como respuesta a necesidades del contexto. Y en lugar de disputar el campo y objeto de conocimiento de las ya presentes, contribuyen a su fortalecimiento y renovación. Es el caso de la neurociencia en general, la que ha permeado disciplinas médicas, sociales y humanas; y es el caso de la neuroeducación en particular, que ha redefinido en muchos sentidos las formas y maneras de ser docente y estudiante.

Los retos educativos del siglo XXI exigen una concepción y experiencia docente acordes a estos. La división y especialización del trabajo físico, intelectual y artístico, en lugar de ser un benefactor del desarrollo humano, ha vulnerado la integralidad del ser humano. Por ello una práctica docente que considere todos y cada uno de los aspectos que intervienen en el proceso de aprendizaje podrá aproximarnos, o por lo menos reavivar la ilusión por un ser humano integral que privilegie formas dignas de vida antes que el cúmulo frío de información.

Es una dificultad capital para los estudiantes el hecho que sus docentes funden el proceso de aprendizaje de ellos con vicios decimonónicos. Una gran dificultad es la falta de interés de los profesores, en especial de básica primaria, por la actualización de sus conocimientos y metodologías. Es sumamente difícil pretender enseñar a cerebros flexibles cuando el del profesor es el más rígido.


La neuroeducación ha venido a sacarnos de las formas quizás salvajes de enseñar. Un proyecto humano no se fundamenta sobre lo racional, la historia reciente nos aporta pruebas suficientes al respecto. Las emociones de cada ser humano, su contexto, sus experiencias, necesidades y perspectivas particulares frente a la vida misma no pueden ser desestimados en el momento de posibilitar, en tanto profesor, articular estos aspectos en un mismo proceso de aprendizaje, entendido como proyecto humano y no como pequeña enciclopedia.